Trump, Corea del Norte, y su posible acuerdo comercial con China

marzo 6, 2019

Asuntos Públicos

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La segunda cumbre entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong Un, terminó abruptamente el jueves. Los dos líderes, reunidos en Hanoi, Vietnam, no llegaron a un acuerdo como lo hicieron en su primera cumbre el año pasado, la cual terminó con un acuerdo conjunto para «trabajar hacia la desnuclearización completa de la Península Coreana.
 
En la cumbre, Trump buscó que la suspensión temporal en las pruebas de armas de Pyongyang siguiera, así como que Corea del Norte aceptara deshacerse de todas las armas capaces de destrucción masiva, así como elaborar un plan de acción concreto sobre cómo lograría ese objetivo.
 
A cambio, Kim quiso que se redujeran las sanciones impuestas a su país y una declaración formal para poner fin a la Guerra de Corea, que llegó a su fin tras un armisticio en 1953. También solicitó el relanzamiento de algunos proyectos económicos intercoreanos y la apertura de una oficina de enlace de Estados Unidos en Pyongyang, según funcionarios estadounidenses.
 
Trump comentó que no puede renunciar a todas las sanciones solo porque Corea del Norte estuviera dispuesto a desnuclearizarse, ya que además de ello tienen cierta visión que no es exactamente la visión de Estados Unidos. Por esta razón decidió que esta vez no había ningún acuerdo que valiera la pena firmar.
 
A pesar de que la reunión entre ambos mandatarios terminó antes de lo esperado, el sábado los jefes de defensa militar de Estados Unidos y de Corea del Sur acordaron poner fin a dos ejercicios militares importantes entre sus países, en un esfuerzo por reducir las tensiones con Corea del Norte. Es probable que este suceso sea algo positivo para su relación con Kim Jong Un, quien ha criticado durante mucho tiempo estos ejercicios militares o “juegos de guerra”, como los llama el gobierno estadounidense, y los considera una preparación para una invasión de Corea del Norte liderada por Estados Unidos.
 
Hasta el momento no hay indicios de una tercera reunión entre los mandatarios, así que habrá que esperar para conocer si habrá un nuevo acuerdo o no.
 
Otro de los temas pendientes que Trump tiene en Asia es su guerra comercial con China, la cual, sin caer en el simplismo, se reduce a que China quiere que Trump elimine los aranceles que impuso el año pasado a 200 mil millones de dólares en productos chinos, pero aún no está claro si Trump revertirá algunos o todos. Estos aranceles se suman a la primera ronda de aranceles impuestos a bienes chinos por 50 mil millones de dólares que Xi Jinping también desea que se eliminen.
 
Por otro lado, Trump le ha pedido a China que reduca sus tarifas impuestas a productos agrícolas, que renuncie a su derecho a tomar represalias en caso de que Estados Unidos tome medidas unilaterales y que se abstenga de presentar demandas ante la Organización Mundial de Comercio.
 
No está claro si Beijing ya ha aceptado ese plan o qué cambios, si los hay, está solicitando, sin embargo, parece ser que las cosas se están enfriando entre ambos países ya que esta semana Estados Unidos confirmó que está posponiendo «hasta nuevo aviso» un aumento arancelario para los productos chinos, que se había establecido entraría en vigor el 1 de marzo. Además, el Wall Street Journal informó el domingo que las dos partes están en las etapas finales de negociar un acuerdo y que Trump y Xi podrían tener una reunión a finales de este mes.
 
Sin embargo, cualquiera que sea el acuerdo, definitivamente será examinado por los demócratas y por algunos miembros del partido republicano, quienes han expresado la necesidad de que el presidente mantenga una línea dura en las conversaciones con China. Incluso se debaten qué tan bueno sería levantar los aranceles el primer día que lleguen a un acuerdo, ya que mantener algunas de las tarifas en su lugar permitiría a Estados Unidos tener cierta ventaja sobre China.
 
Además, expertos y analistas han expresado que, aunque las cosas se estabilicen temporalmente, China y Estados Unidos están lejos de terminar su guerra comercial, sobre todo porque aún existen diferencias estructurales significativas entre los dos países en temas como la transferencia de tecnología forzada, la protección de los derechos de propiedad intelectual y el acceso a los mercados.